viernes, 30 de octubre de 2009

Silencio,Por Elena Flores

Silencio

Sabía que el día llegaría, no había querido pensar en ello por que aún tenía a esperanza, aún se imaginaba que sería ella la que caminaría a su lado. Pero la vida no es siempre como lo queremos, y aunque sabía que la culpa había sido en parte de ella, no dejaba de doler.


Lo había encontrado una vez mas, y la había tratado como lo habían hecho las ultimas veces que se habían visto, como amigos, aunque sabía que aún había interés en ella, sin embargo las cosas habían sido diferentes, había algo diferente en él que le decía que había algo mas, algo que seguramente no le gustaría.

“Me voy a casar” dijo él sin aviso, sin pensar en nada más, ¿había acaso escuchado correctamente? Por un segundo sentiste que todo había desaparecido y que ya nada tenía sentido, pero sonreíste, la sonrisa más sincera que podías hacer en ese momento, lo felicitaste y le deseaste lo mejor, aún cuando tu mente gritaba que lo abrazaras y le suplicaras que no lo hiciera, que aun lo amabas y que tu felicidad era él, pero no dijiste nada.

Él sonrió agradeciéndote por los buenos deseos y diciendo que en breve la invitación llegaría a tus manos esperando que asistieras al evento, asentiste una vez, aún con la sonrisa en el rostro, ¡Acaso no se daba cuenta! El estruendo de tu corazón haciendo añicos fue tan fuerte que te ensordeció y sin embargo él no lo había escuchado.

Desde que habían terminado, no había dejado de pensar en él, al principio cuando ella le propuso que solo fueran amigos y el se había enojado alegando que eso jamás podría ser, pensaste que un tiempo alejados sería lo mejor para ambos, y al pasar del tiempo cuando volvían a unir caminos y aunque seguían teniendo la misma pelea, quisiste pensar que nada cambiaria, que el seguiría ahí y al final ese sueño que alguna vez habían compartido se podría hacer realidad.

Y ahora ese sueño lo compartiría con alguien más, lo viste a los ojos y viste ese brillo cuando te hablo de su prometida, era el mismo brillo que años atrás te pertenecía y el pecho dolió aún más, pero sonreíste y le deseaste lo mejor y te disculpaste por no poder asistir al gran evento, porque cuando te dijo la fecha, recordaste que tu jefe te iba a mandar de viaje a atender a unos clientes fuera de la ciudad y era imposible cancelar, aún sabiendo que ese día estarías llorando amargamente por lo perdido, por la felicidad que dejaste escapar, por el dolor.

Unas cuantas palabras más y había sido el final de aquella conversación, te abrazo fuertemente y deseaste que no lo hubiera hecho, le deseaste suerte y felicidad, retomaste tu camino, subiste al primer taxi que encontraste y una vez cerrada la puerta y habiendo dado las indicaciones pertinentes al chofer, las lágrimas fueron imposibles de contener, al final te diste cuenta que realmente lo habías perdido y que al final el aplazar las cosas había sido contraproducente.

No le llorarías eternamente, pero por el momento el dolor era tan grande que te permitirías un par de días en aquel horrible estado, después, te levantarías y continuarías con tu vida, teniendo fe y esperanza de que encontrarías la felicidad, alguien a quien a amar y que te ame, que no volverías a cometer aquellos errores, y que al final cuando lo volvieras a ver, sabrías que de aquel amor, solo había quedado el recuerdo.

Pero lo que tu nunca viste es que el brillo de sus ojos no era por su prometida, sino por ti, que en realidad tuvo que contenerse para romper el abrazo, para evitar decirte que aun te amaba, que deseaba que la que caminara por el pasillo de aquella iglesia fueras tu, que la que debería ser feliz con él deberías ser tu y que podría dar cualquier cosa por que volvieras a él, sin embargo hace lo mismo que tu, calla todo aquello que le grita su mente y sigue el juego, te invita con la esperanza de que eso te haga reaccionar, pero no funciona, así que al final te deja ir sin más, con el corazón igual de roto que el tuyo.

Mediocre, Por Elena Flores

Mediocre

Con los ojos cerrados y las lágrimas cayendo en su rostro, supo que se había dado por vencida, sentada en la sala de su hogar, con la ropa formal que usaba para su trabajo arrugada por las horas que había pasado en aquel sillón. ¿Cómo había llegado a eso? ¿En que momento su vida se había convertido en aquella aburrida y triste rutina?
Cada mañana era igual, el despertador sonaba anunciando la llegada de un nuevo día, al abrir los ojos, lo primero que veía era la espalda de él, que aún dormía, suspirando se levantaba de la cama y se dirigía al baño, tomaba una ducha rápida mientras él se despertaba, una vez fuera cruzaban miradas mientras él se dirigía al baño y ella se dirigía a arreglarse para un día mas de oficina.

Cuando terminaba su arreglo, se dirigía la cocina a preparar el desayuno, no sabía por que seguía tomándose la molestia, pero ahí estaba una vez más en la mesa: Pan tostado, café, jugo y huevo. Y como cada día él solo tomaba un sorbo de café, uno de jugo, una tostada en la mano, un beso sin sentido en la mejilla y la frase “Voy tarde, te veo en la noche”.

Y así viendo por la ventana de la cocina, como sube al carro y se va, fue que tomo el teléfono, se reporto enferma en el trabajo y se sentó en aquel sillón, con las lágrimas cayendo en su rostro. ¿Qué había pasado con aquella pasión que había rodeado su relación? ¿Aquellos momentos cuándo no podían quitarse las manos uno del otro? ¿Había sido culpa suya? ¿De él?

Observo su casa, esa casa que había sido testigo de todos los sueños que habían deseado cumplir, aquella casa que se había escogido de manera cuidadosa, querían que fuera perfecta para formar una familia, que después de todo ese tiempo no había llegado. Una solitaria lágrima rodó por su mejilla, no sería lo mas sano para ambos terminar esa mentira o al menos darse tiempo para replantarse su situación o debía seguir soportando ese amor mediocre que se entregaban por miedo a enfrentar la verdad, al miedo de empezar de nuevo, de conocer gente ¿Por qué hacerlo cuando lo conocido y seguro lo tenían a un lado?

Al fin la monotonía de sus vidas la había alcanzado, al verse reflejada en aquel espejo frente a la sala, con el rostro lleno de lágrimas, sola.

Parte de la decisión estaba en ella, bien podría en ese momento tomar todas sus cosas e irse, dejar solo una nota, explicando como se sentía. ¿Después que haría? No regresaría a casa de sus padres, quienes con su ecuación rígida y cerrada le dirían que volviera a su casa con su marido, como debería de ser, que el matrimonio era así, que no era como aquellas estúpidas novelas románticas que leía. No, definitivamente ellos no eran una opción.

O tal vez lo mejor sería hablar con él, decirle que ya no se sentía feliz a su lado, que tenía mucho tiempo que no la tocaba, que no le hacía el amor, que se sentía frustrada, si había alguien más en su vida, si era así que se fuera antes de que se siguieran hundiendo en su amargura, en su monotonía.

Recostó su cabeza en el sillón ya no quería pensar, quería regresar a aquella época donde todo era mas fácil y ambos se juraban amarse una y otra vez.

En algún lugar de su mente, escucho una voz conocida que le hablaba, después sintió como unas manos la movían ligeramente, alguien trataba de despertarla, al abrir los ojos, aun con la vista nublada supo quien era, se levanto poco a poco aún adormilada y volteo a la ventana, por la luz que entraba parecía cerca de medio día. Volteo a verlo y le sorprendió lo que sus ojos reflejaron, preocupación.

Él comenzó a explicar algo de hablarle para recordarle un pago, entonces le dijeron que no habías asistido al trabajo y que estabas enferma, hablo a la casa pero jamás contestaste y se preocupo, y entonces llego y te vio acostada con el rostro rojo e hinchado y se asusto. Tú no podías contestarle, lo mirabas como si fuera la primera vez y el volvió a preguntar que había pasado.

Y entonces recordaste los últimos meses, la simplicidad, la monotonía, y explotaste, le dijiste que no eras feliz, que estabas harta de la indiferencia y el vació en el que estaba su relación, que si ya no te amaba te dijera, aunque tu corazón se rompiera, lo proferirías a seguir con esta farsa, que te irías lejos, que le darías espacio para pensar…… y él solo te beso, como solía hacerlo, entregando todo y pidiendo a cambio lo mismo, cuando rompió el beso, pidió que no le dejaras, que sabía que las cosas habían llegado a esa rutina, pero que haría un esfuerzo si tu también lo hacías que mejorarían su relación y podrían empezar los planes de agrandar su familia como lo habían querido.

En aquel momento dudaste, y no sabías que hacer, pero al verlo a los ojos, pudiste asegurar que decía la verdad y que de verdad lo quería. Y ahora, al mirar al pequeño ser que esta entre tus brazos, te das cuenta que hiciste lo correcto, ambos se esfuerzan cada día por no caer en el mismo error, su amor tiene buenos y malos días, pero dejo de hacer un amor mediocre.