jueves, 8 de octubre de 2009

Apunte sobre mujeres modernas

De mis noches en Budapest, De mis recuerdos de México, de Croacia, de Madrid -sin presunción- algo no me cuadra...
Las mujeres son lo más hermoso que existe.
Por qué no hacer el mundo un poco más a su estilo? A mi parecer, el mundo es bastante masculino ya, y sufrimos las consecuencias. Siento que la mujer, por ser mujer, puede hacer mucho para cambiar el rumbo.
Ojalá...
 



Apunte sobre mujeres modernas


Mujeres de escaparate, de alcurnia postiza o vanidad exacerbada, empeñadas en la fama de maniquí cuya única gracia es el atuendo de ocasión siguiendo cada una de las cuatro estaciones, a veces botas, a veces alguna coqueta falda, a veces una ligera blusa, a veces. Jóvenes por siempre a los quince y a los cuarenta y tantos, actitud hierática y burlona, sonrisas mentoladas e incitantes, convencionales, interior de resina, oscuro, hueco, aislado.

          Ya no se sabe si de verdad algo les preocupa, si algo les motiva. Es seguro que nada les llena ese interior artificial, resultado de sociedades sin ángel. El momento, sólo el momento. Aquí sentada en la banquita del parque toda engafada y con estola, fumándose la moda en un cigarrillo slim; allá en el octavo piso inclinada sobre el escritorio afinando con el jefe los últimos detalles de la nueva publicidad; de la mano del galán en turno dejándose llevar a la última buena de Tarantino después de una exquisita fast food; escogiendo la discreta y elegante falda en la boutique de actualidad para la siguiente conferencia de los más importantes expositores; paseando al bodoque de cuatro años en carriola haciendo las veces de madre responsable con atavío adecuado, platicando con la amiga entre pasos de no me mires, no me toques. Es seguro que así nada les llena.

          Todas se resumen en una. Mujer moderna. 

          La que sueña con viajes exóticos, donde lo único exótico es el sueño mismo, pues el viaje dependería de un plan, de un presupuesto bien calculado, de un hotel adecuado, de un trayecto sin contratiempos, o de un caballero despistado y generoso.

          Esa valiente y solitaria, de procesos definidos e ideas concisas, de gesto amigable para unos minutos el fin de semana, siempre y cuando los amigos no pretendan tener la razón.

          Trabajadora de alto rendimiento, confrontadora, retando a los colegas más capaces, adquiriendo hábitos de competencia y triunfalismo, superando la femenina barrera sentimental que ataba las abnegadas a los designios de los hombres.


          Damita fatal de discoteca, de burda actitud alegre y seductora, regalando desaires y besos húmedos, provocando la eclosión de instintos reverberantes de alcohol.

          La paciente, o resignada, por necesidad, a la espera del gran amor que le provoque los más volátiles anhelos, el hombre fuerte y varonil por quien valga la pena arriesgarlo todo hasta quedar desahuciada de tanto suspirar mientras le ve partir hacia otra esperanzada.

          Aquella hermética, harta de la burocracia, la corrupción, los bajos sueldos, los hombres siempre iguales, recetándose y vacunándose a sí misma por igual contra enfermedades que contra el pavor a las emociones profundas.

          Mujer de este tu tiempo. Imagina otras formas por favor. Sal al mundo, no sólo a la calle o a la ciudad, o al país, o al centro comercial. Al mundo. Devuélvenos la sensibilidad extraviada entre el oleaje milenario de lidercillos ambiciosos trepados en briosos corceles o en autos blindados. Haznos luchar por ideales como esos mártires revolucionarios , sin dejar que nos convirtamos en inútiles iconos o recuerdos fotográficos. Disfruta tu propio cuerpo en ropa ligera, admira tus formas, tus movimientos, sin orientar tus combinaciones por comentarios u ofertas. Sé origen, y ya nunca más producto.


          Toca estos brazos con tu magia para recuperar el tan menospreciado cariño y así abrazarte horas y horas hasta verte dormir serena. Despierta libre, no esperes, no busques. Ya eres La Diosa. Sal al mundo.

          Hombres. Veredicto: Culpables.

domingo, 4 de octubre de 2009

Te quiero conmigo

En realidad, no sabía que título poner a esto. Sólo escribía notas como venían a mi cabeza, casi sin sentido. Me tomó diez minutos esta pequeña cosa que no es ni relato ni poesía. Sólo... Necesitaba escribirlo...



Te quiero conmigo,
tanto o más aún que aquella vez en que sentí por primera vez tus manos entre las mías,
tus manos tan frías como las mías,
revolviéndose, vibrando de ganas,
mientras pasaban y paseaban paisanos mirándote, imaginando quién sabe cuántas cosas contigo.

Te quiero conmigo,
mucho más cuando recuerdo la espesura que atravesé al internarme en tu mirada,
 tan azul de tantos intentos por olvidar,
caminando entre lágrimas de diversos orígenes
y el aroma del capuchino con canela.

Te quiero conmigo,
desquitando tus constantes enfados por esa gente allá afuera,
hablando pestes de jefes, de políticos, de fumadores,
preconizando el destino de todo,
con tus brazos descansando en mis hombros.

Te quiero conmigo,
en este limbo de cigarrillos americanos, café con crema batida y torta de frutas,
leyendo cada uno de mis gestos,
criticando cada uno de mis temores,
bebiéndote sin prisa un vodka naranja.

Te quiero conmigo,
con mayor intensidad de la que puedo expresar en estas rápidas notas,
con apasionada y amarga locura después de cada punto y aparte.
He terminado mi café.