En realidad, no sabía que título poner a esto. Sólo escribía notas como venían a mi cabeza, casi sin sentido. Me tomó diez minutos esta pequeña cosa que no es ni relato ni poesía. Sólo... Necesitaba escribirlo...
Te quiero conmigo,
tanto o más aún que aquella vez en que sentí por primera vez tus manos entre las mías,
tus manos tan frías como las mías,
revolviéndose, vibrando de ganas,
mientras pasaban y paseaban paisanos mirándote, imaginando quién sabe cuántas cosas contigo.
Te quiero conmigo,
mucho más cuando recuerdo la espesura que atravesé al internarme en tu mirada,
tan azul de tantos intentos por olvidar,
caminando entre lágrimas de diversos orígenes
y el aroma del capuchino con canela.
Te quiero conmigo,
desquitando tus constantes enfados por esa gente allá afuera,
hablando pestes de jefes, de políticos, de fumadores,
preconizando el destino de todo,
con tus brazos descansando en mis hombros.
Te quiero conmigo,
en este limbo de cigarrillos americanos, café con crema batida y torta de frutas,
leyendo cada uno de mis gestos,
criticando cada uno de mis temores,
bebiéndote sin prisa un vodka naranja.
Te quiero conmigo,
con mayor intensidad de la que puedo expresar en estas rápidas notas,
con apasionada y amarga locura después de cada punto y aparte.
He terminado mi café.
No hay comentarios:
Publicar un comentario