Fragmentos recuperados
Waldo Zacaula
Nueva colaboración luego de tanto tiempo...
Una disculpa.
“…Sí, supuse que habías tenido unos días malos. Pero, ¿qué es lo que tú tienes que pensar diferente? ¿Quieres decir que piensas que estás sola? Creo que te entiendo. A veces siento lo mismo, creo que todos a veces sentimos lo mismo. No se trata de estar lejos de la familia, o los amigos, o romper con la pareja –como nosotros-, sino del miedo a darnos cuenta quiénes somos en realidad. Eso dicen por ahí, que es terrible enfrentarnos a nosotros mismos, y por eso buscamos actividades, o compañía. Y esto nos pasa a todos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, ricos, pobres, sanos o enfermos. Lo que hacemos día a día, y las personas en quienes depositamos nuestra confianza o nuestras esperanzas, serán siempre, y únicamente, un placebo, si al final de cada día terminamos cansados, quejándonos, revolviendo en nuestra cabeza los problemas de ayer, los de hoy, los de mañana, y los de pasado mañana.
La soledad no es otra cosa que un espejo en el que casi nadie quiere verse. Y quienes no están bien consigo mismos se sentirán peor estando solos luego de ver su reflejo...
Yo muchas veces me vi y rechazaba esa imagen, aunque no lo tenía tan claro como lo digo ahora. Fui tonto, y creo que como mínimo un par de veces a la semana lo soy aún. Luego, de la tercera tontería casi no me doy cuenta, y las siguientes pasan por completo desapercibidas; detallitos -no tienen que ser cosas grandes- como pararse frente a la puerta automática del metro y provocar un roce innecesario con algún bravucón.
No es posible rechazar ni ignorar lo que somos. Sin embargo, el verdadero problema comienza en nuestras cabezas. La cabeza es para desentrañar problemas matemáticos, comprende teorías y procesos, es perfecta en ello. Simplemente, no es para resolver las emociones. Las emociones son una energía que debe fluir. La cabeza puede ayudar a dirigir las emociones, a ponerlas en donde las necesitamos, mas no a controlarlas; puede ayudarnos a pasar de la emoción descontrolada a la creatividad, esto sí. Pero aquel que lucha por controlar sus emociones, con seguridad se volverá loco, o ya lo está.
Y eso de pensar de forma optimista… Yo no pienso de forma optimista, ni pesimista. De hecho con algunos amigos y compañeros muchas veces me encuentro hablando de cosas más o menos negativas, entre lo curioso y lo absurdo. Sé que podemos disfrutar nuestras vidas, y no me preocupan mucho las cosas que pasan en el mundo real, en especial aquellas que están más allá de mis emociones, digamos, como las catástrofes naturales y sus consecuencias, que son inevitables. Pero también sé que si no estamos bien con nosotros mismos, será difícil que podamos ayudar a que el mundo, como lo vemos, vaya mejor.
Y el valor, tu valor, eso es algo que no se puede ver en el espejo, el valor es algo subjetivo, tanto como el mundo que vemos, y en mi humilde opinión, está condicionado por la sociedad con todos sus pájaros de mal agüero, y no debe afectar tu corazón ni tus sentimientos, mucho menos tu imagen de ti misma.”
Hasta aquí. El resto fue nada más que una relación de anécdotas cotidianas, y estoy casi seguro que nunca leyó hasta la séptima cuartilla. Habría sido comprensible. Suelo escribir demasiado, y estoy convencido que todo le sonaba a excusa, el clásico “necesitamos tiempo, pero podemos ser amigos”. Dos días después recibí la llamada de su madre, quien si leyó toda la carta, y entre dientes me culpaba un poco por la situación: Lidia se había descolgado por la ventana de su recámara en el piso superior durante la noche, como escapando –algo simbólico para ella supongo, pues, si bien su padre era un poco autoritario, jamás fue un hombre intolerante o agresivo; la señora todo lo asimilaba en silencio.
Algo así como cinco meses más tarde, recibí una fotografía suya con una nota. Se le veía feliz, de verdad feliz con una sonrisa suelta, comiendo con algunos indígenas en lo que parecía una choza en medio de la selva. Al reverso estaba escrito:
“Ya lo he pensado muy bien. Tú eres un completo idiota.
Besos. Lidia.”
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